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martes, 3 de septiembre de 2013

Relato nº10 Maeve: La Red Social

El que pide: Permuta
Palabras: Distopías, redes sociales, nacimiento, reconocimiento, aceptación. 
Tema: Aún sobreviven las redes sociales en un futuro cercano, así se tienen perfiles completos de varias generaciones de antepasados. La tele de hoy sería algo primitivo y remoto. Los niños preguntan a los abuelos por el viejo juego de la tele.



Lord Stepan Salieri AKA Yoni aclara: 

La interface es el estado natural del ser humano. Relacionarse, trabajar, pasar tiempo con la familia, la sexualidad comunitaria, ha de realizarse en un entorno digital controlado, en el que los sentidos físicos no sufran el excesivo contacto producido por la interactuación personal. Como sociólogo y catedrático de antropología, me preguntan últimamente mucho sobre el tema de las redes sociales. Pues bien, mi postura es clara: 



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Para el Doctor AKA Yoni, el tema de las redes sociales es preocupante, pero no ve motivo inmediato de alarma: 

"No hemos evolucionado, no hemos sobrevivido a las diversas pruebas a las que nos hemos enfrentado como especie sin comprender que, para la psique humana, el mundo 2.2 es la evolución natural. A mis 215, puedo recordar bien cuando mis abuelos relataban con miedo lo acaecido en el mundo real. Pero creo que se está polemizando exageradamente con este tema. El mundo "real", es cierto, que parece producir un cierto tipo de dependencia en nuestros jóvenes. Pero, ya desde su nacimiento, el 98 por ciento de la población del mundo desarrollado está implantada, y las campañas de implantación en la infancia en Europa y Reino Unido, en las que por cierto tanto invierte nuestro gobierno a través de la Agencia de Cooperación y Desarrollo Internacional, están dando fabulosos resultados tras décadas de implicación en estas regiones tan deprimidas. Los programas de alfabetización para adultos que las ONG "Implante para el desarrollo" y "DE 1.0 A 2.2"  tienen en los fiordos noruegos parecen ir avanzando, aunque lentamente, entre los asalariados de la célula de soja. No, realmente, imaginar que nuestros jóvenes podrían ir a mayores y desconectarse definitivamente es una distopía propia de sociedades primitivas"

Preguntado por la creciente tendencia de algunos padres a no implantar en el parto celular a sus retoños, el doctor quiso también quitar importancia a la fuerza de este movimiento porque, según él "se tratan en su mayoría de colectivos bastante aislados en sub-redes ecologistas sin interface subduramadre, un movimiento neoprimitivista que el gobierno ya estudia erradicar con potentes Melissas"- bromeó en charla DM.- "Atentan contra la salud física y mental de sus hijos. ¡Es un tema de salud pública!"-.

Por otra parte, quiso incidir en un posible efecto beneficioso de las novedosas redes sociales: "Hay que reconocer que estos llamados Bares Deportivos requieren un cierto tiempo de desconexión de la interface, lo que siempre produce una cierta alarma en los padres, y que se han producido algunas intoxicaciones en individuos que, sin seguir las normas de uso, han permanecido cientos de horas frente a los televisores analógicos, pero son casos aislados de personas con una fuerte disfunción psicológica que les impele al contacto físico y a utilizar los órganos visuales y fonadores. Para esto existen tratamientos psiquiátricos adecuados"- afirmó categóricamente.- "En cualquier caso- continuó- nuestros abuelos veían televisores a todas horas y llegaban a los 100, lo que no está nada mal para el mundo 1.0. En cierta manera, nos puede acercar, brevemente, a nuestras raíces. La aceptación de dónde venimos es fundamental para el crecimiento como sociedad". Y ha sido esta polémica declaración por la que ya ha sido tachado de ideólogo de la democracia por el Frente de Liberación Sensorial Espacial. En cuanto a las implicaciones religiosas del acto auditivo y visual, el doctor no quiso hacer más declaraciones: "Dejemos a la Iglesia lo que es de la Iglesia. Por mi parte, me mantengo en on line, porque así fui educado"- ha finalizado sin querer echar más leña al fuego.




Últimas noticias de los fiordos:

Las hordas de asalariados de las células de soja sufren la hambruna tras una nueva oleada de calor subtropical.


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lunes, 15 de octubre de 2012

Relato nº9 Maeve: Los Marines Espaciales



El que pide: Periquilla Los Palotes
Palabras: Poeta, droga, cerdo, ilusión, Chiquito de la Calzada 
Tema: Consecuencias de tanta droga

El que pide: Awixumayita Atiyamuxiwa
Palabras: Fiesta, celos, deseo, desgaste, palomitas 
Tema: El regreso

El que pide: Alía Mateu
Palabras: Pato, sorpresa, pespuntes, Barcelona, Sífilis 
Tema: Dolor de uno de los personajes ante un tema muy bobo

El que pide: Nacho Cañas H
Palabras: Robots, dinosaurios, ninjas, tetas, balas

El que pide: Jorge M. Molinero
Palabras: Manzana, retrasado, bragueta, Idiosincrasia, aladierno

El que pide: Vicente Muñoz Alvárez
Palabras: Espasmo, Marte, Primitivo, Saltamontes, Caleidoscopio

El que pide: Velpister Peter Jensen
Palabras: Desamparo, Miedo, Soledad, Ostia, Hongos
Tema: La duda




El que pide: Anna Lesol

Palabras: Zangamanga, Murria, ansiedad, sudor, heno

Tema: Cuando te das cuenta ya es demasiado tarde



El que pide: Isabel Alonso
Palabras: Harina, Viento, Beaufort, pezón, reloj
Tema: Septiembre

 


El Comando Barcelona es una de las más desconocidas y graves amenazas que surcan el espacio de la Confederación. Y mi misión es cargármelas a todas. Las integrantes de este Comando secreto, también conocidas como Miembras, pertenecen a los estratos más bajos de las capas más bajas de los niveles más bajos de la sociedad de Marte, Las Chohonis, y están entrenadas en las más diversas artes de la lucha cuerpo a cuerpo y de guerrillas: Esgrima, técnicas ninja de eunucación súbita por aceleración mental de bragueta, tragamiento de sables, y contagio de sífilis sin intercambio de fluidos corporales; además de la adicción de armamento corporal, como rayos láser en las tetas.
Un peligro.


Ejemplo de zangamanga típica del Comando Barcelona 


Seguidoras fanáticas de la secta de Chiquito de la Calzada, surcan el espacio en primitivas naves terráqueas de lanzamiento de chemtrails, desde las cuales emiten en todas las frecuencias viejas emisiones del programa televisivo Ala Dina, provocando a su paso muerte y destrucción.



Durante cuatro años estudié en la academia espacial de la Confederación, donde destaqué en todos los ámbitos, y fui condecorado con la Orden del Aladierno, Rojo y Verde, por servicios distinguidos. Me encontraba en situación de elegir el mejor destino. Las dudas me invadían, y me hacían sufrir: Elegir la Nostromo, elegir la Surlaco, elegir la Prometheus... Sin embargo, mi vocación vino a visitarme una noche de mi último año en la academia, en la que, compartiendo con mis compañeros de promoción  mandanga de la buena  del expendedor de droga del bar de la academia, conocimos 'por casualidad' a una jovencita, quien pasó buena parte de la noche bailando provocativamente para nosotros.


Miembra en la pista, provocando un caleidoscopio psicodélico: Mésela, mésela a la Virgencita.


Beaufort era un buen tipo, créanme; aunque le apodáramos 'Tres Nudos' por cierta incontinencia gaseosa no merecía ese final tan horroroso. Aún recuerdo su expresión de desamparo, y el miedo grabado en sus ojos, al desaparecer repentinamente entre los pezones inmensos de nuestra particular bailarina de striptease. Mientras la nada se lo tragaba, entre gritos de terror, un sudor frío de espanto empezó a recorrer mi espalda, y la sorpresa dio paso a la cólera, mientras las armas hacían acto de presencia, y la fiesta devenía en una orgía de sangre. Todo fue en vano; la Chohoni era imparable. Aunque yo no lo sabía en aquel momento, acababa de enfrentarme, por primera vez, al Comando Barcelona.

Mis ilusiones de una carrera cómoda, y reconocida, terminaron aquella noche, entre balas que silbaban, y gritos metálicos de los robots paramédicos. Frente a mi, en el panel de mandos de mi nave solitaria, llevo siempre una fotografía de la líder de las Miembras. 


'La líder de las Miembras'

Un Marine Espacial nunca perdona. Un Marine Espacial nunca abandona, nunca olvida. Mi misión me lleva por los más recónditos confines del espacio, en esta nave pequeña como una máquina de palomitas. Mientras, lo sé, mis compañeros de promoción viajan en la Entrerprise junto al Capitán Kirk, y surcan los cielos de la  Confederación en misiones heroicas. En ocasiones siento celos, lo reconozco, y me invade la angustia, y el deseo de olvidarlo todo y volver a casa. A pasear sobre las colinas entre los dinosaurios, y sentir en el viento el olor a heno, y comer manzanas. A veces, la soledad se asienta, y me invade la murria; siento el desgaste de una vida entera dedicada a la aniquilación de toda una raza de arpías sangrientas, pero es demasiado tarde para comenzar de nuevo.



Mi nave


'Su' nave. Cerdos.


En la inmensidad del espacio me siento frente a los mandos, y consumo hongos como si fueran ostias benditas. Escudriño los rincones de Alfa Centauro, y preparo pasteles con harina sin gluten, que después vendo en las estaciones de paso a algún retrasado de la Diáspora Nihilista. El Poeta me ha dicho, en su último comunicado, que han encontrado el cuartel general de las Miembras en la Tierra. Me recorre un espasmo ante la sola idea de regresar a mi casa, y, de paso, eliminar de un sólo golpe el objeto de mis obsesiones. Mi contacto será una tal Pato. Me visto de cuero; hay que respetar la idiosincrasia del lugar del encuentro. Pongo en marcha el reloj de la bomba. Ya tengo la Tierra a la vista.

Mi nombre es Roger El Pespuntes, y esta ha sido mi misión y mi vida.



 'Lugar del encuentro'


lunes, 14 de mayo de 2012

Especial Maeve a petición de Barbakana: Meet The Bodhisattva

 
Las peticiones que hacemos, al destino, a dios, a la vida. Las renuncias que hacemos, las que no sabemos que hacemos, las que nos obligan a hacer. La resistencia para alcanzar nuestros sueños, que no es más que el marcador más certero para conocer hasta que punto estamos cerca de alcanzarlos, y lo importantes que son, en realidad, para vivir. Las mentiras que nos cuentan, los héroes equivocados con que nos alientan y que, en realidad, sólo existen para aplastarnos.
Los grandes obstáculos que, imaginamos, son imposibles de superar. Imposibles de superar. Superarse.


Imaginar.


Imaginar, sólo por un momento, que los grandes obstáculos no fueran tales, sino, y en realidad, el combustible con el que se enciende para siempre la hoguera interna que te hace avanzar. Arrastrarte sobre tu vientre, sobre la arena de la playa, sobre las miradas confusas y piadosas que te juzgan -o que te empujan- para alcanzar la orilla. Imaginar, sólo por un momento, que ESE no fuera el obstáculo a superar, sino tu fuente de energía. Tus piernas muertas.
Seguir imaginando. Que lo complicado no fuera obviar las grandes pérdidas, las grandes carencias. Que la dificultad residiera en ser, sólo, una persona normal. En ser el primero en desear algo. El primero en tu familia, el primero de tus amigos, el primero de todas las personas que alguna vez has conocido. Que lo imposible fuera, sencillamente, comenzar a imaginar. Arrastrar un corazón roto, una hipoteca impagada,  tres sobres de facturas demoníacas que permanecen cerradas. Tu ignorancia. Tu falta de fe. La falta de fe de tu madre, la de tus hermanos. No saber cómo empezar, creerse uno demasiado pequeño, demasiado insignificante. Demasiado ser para arrastrar.



Imaginar, sólo por un momento, que tú eres tu propio héroe. No el surfero de las piernas muertas que consigue, incluso sin piernas, lo que para ti es imposible: 


Imaginar.



Bienvenido al mundo real.



domingo, 29 de abril de 2012

Relato nº8 Maeve: Antigona Libera




Perpetuo, lucidez, humeante, resbalar, Antígona
Valeriana, persiana, cansancio, botella, gato
Efímero, apagado, acierto, filtro, candado


Era el agonías. Le encontraras donde le encontraras y en el momento vital por el que estuviera pasando era todo un perpetuo quejarse y lamentarse de la nada que le estuviera ocurriendo en aquel momento, porque él había inventado el sufrimiento y la desdicha y la desgracia. Hay que joderse. 
- Me estoy muriendo de ganas de dejar este trabajo que me agota y de olvidarme de este jefe que se me come vivo y de irme de vacaciones. Me estoy muriendo de ganas de acabar las vacaciones y dejar de escuchar a mi suegra todo el día y de aguantar a los niños con sus gritos y de limpiarme la arena de la playa. 
Era funcionario. 
Su mujer era auxiliar de clínica en un pequeño centro de estética. Tenía el carácter tibio de las mujeres que viven en mundos pequeños y no tienen más horizontes que hacer la comida del día siguiente antes de irse a dormir. 




Se les hizo de noche antes de que se dieran cuenta de que él tenía que recoger a los niños en el colegio, a base de matarse a cabezazos contra las portezuelas del coche, follando como conejos. Cuando agonías llegó por fin a casa las luces estaban apagadas, menos la de la cocina; los niños no dormían en sus camas y el gato no ronroneaba en el sofá del salón. 
- Te he preparado una valeriana, vendrás cansado.
- Se me ha ido el santo al cielo, me olvidé de recoger a los críos, he tenido tanto trabajo, no puedo con mi vida. 
- Bébete la valeriana.
- Este trabajo me está matando, este jefe se cree el dueño de mi vida, así no hay quien viva.
- Bébete la valeriana.
-Tú no sabes lo mal que lo estoy pasando haciendo estos informes. Tú no entiendes el estrés que estoy sufriendo, no te puedes imaginar lo mal que duermo.
-Bébete la valeriana.
Agonías dio un par de tragos de la taza humeante y se continuó quejando de todo, de la nada; siguió  hablando. Su mujer, sentada muy serena en la banqueta ante la mesa de la cocina, asentía mirando a las farolas de la calle a través de la persiana entreabierta, fumándose un cigarrillo tras otro hasta el filtro, sacudiendo con una mano enguantada la ceniza que caía distraída en su regazo.
- Bébete la valeriana, siéntate aquí un momento- le decía.




Agonías sintió el cansancio convertirse en mareo y el mareo convertirse en asfixia y, mientras resbalaba hasta el suelo, aún le dio tiempo a ver sobre la encimera de la cocina la pequeña botella con la etiqueta de bótox, ahora vacía. Y casi tener un momento de lucidez...pero no llegó a tanto. Al fin y al cabo, había estado demasiado ocupado consigo mismo para entender. El ataque fue muy rápido y el estertor de la muerte fue muy corto, y la agonía que hacía sufrir a los demás fue, por una vez y para siempre, efímera. Con los guantes aún puestos, su mujer recogió todas las pruebas, metió su maleta en el coche, cerró el candado de la verja;  enfiló la carretera hacia la costa, donde ya la esperaban sus padres, los niños y el gato, para pasar las navidades, tal y como habían quedado. Tal y como ella había contado a todos sus amigos desde semanas antes, lamentando  que su pobre marido se quedaría en casa para poder trabajar; trabajaba tanto. Tal y como conocían en el colegio, donde no esperaban que  aquel día él recogiera a los niños, tal y como bien sabía su amante esporádica, que le había entretenido hasta tarde. La misma que ahora se sentaba en el coche de su mujer, en el asiento del copiloto. Hacia la playa, hacia la playa, y empezar una nueva vida. 

martes, 24 de abril de 2012

Especial Maeve (a petición de Nebroa): La Mujer.

Fascinante, música, troglodita, amadeus, cabizbajo
Que hable de lo primero que se te ha ocurrido.










First play, luego lee.



  Probablemente porque era inalcanzable, porque lo era porque la daba la gana. O porque era encantadora a su manera ladina mientras todos los demás creían tontamente lo que ella creía tonterías. Probablemente porque se esforzaba tanto en ser persona mientras a su alrededor caían los años y caían los kilos y los coches y las televisiones de pantalla plana grande que te cagas. Probablemente porque siempre que escuchaba su música favorita me la imaginaba olvidando por un momento el peso inmenso de todo el universo y bailando por el pasillo con unas monstruosas zapatillas con forma de cabeza de ovejitas. Probablemente porque se creía maldecida con la soledad inmerecida y no se daba cuenta de que lo que ocurría de verdad es que tanta humanidad había puesto el listón demasiado alto para tanto troglodita. Probablemente.

O tal vez fuera porque en realidad no entendió nada, que era sencillamente inevitable que, cuanto más se esforzara en alcanzar la belleza, la del alma, más olvidara lo mucho que eso la alejaba de todos los demás. Y allí arriba, en la cima, a penas hay aire, ni persona alguna con la que compartir. Que todo lo que se ama siempre se ama en soledad, que lo único que queda es dejar de buscar, para poder encontrar; que nadie está más solo que el que quiere compañía.

Se nos olvida, de qué manera lo que somos nos arrastra por el mundo miserable cada día más necesitados, cada día más solos. Se nos olvida, que sólo somos cuando regalamos y lo que regalamos llega y, al llegar (en un destello), conectamos. Que todo lo demás es arrastrase cabizbajos imaginando mundos en los que somos el centro y los protagonistas de una historia encantadora en la que todas nuestras necesidades quedan cubiertas por arte de birlibirloque. Se nos olvida. Mecidos por tardes de risas enloquecidas en las que imitamos a Amadeus delante de una cerveza, en noches cada día más contadas en las que besos con lengua hacen promesas que los cuerpos que acompañan no podrán jamás cumplir. Por más que quieran. Promesas vacías. Se nos olvida. 

Impenetrables. Seres humanos impenetrables que nunca concretizan, hablando en hipérboles y en fábulas, desgranando fantasías. Cabizbajos, dando por hecho lo que viene fácilmente y añorando todo aquello que, se supone, está escrito para nuestro deleite. En realidad, sólo queda esto: Una historia de amor en palabras escritas. Ama lo que eres.




jueves, 12 de abril de 2012

Especial Maeve: Relato de un Escritor Laureado en un mundo paralelo (Un intercambio de relatos con Juan Carlos Vicente)


"Nos preocupamos mucho de lo que hacemos y poco de hacerlo sin preocuparnos".


El músico callejero le agarró por un hombro mientras se inclinaba hacia su oreja:
-Hay una casa blanca al final de la pista forestal, sobre lo alto de la pequeña colina. Nada del otro mundo, no una gran casa, sólo una pequeña cabaña que alguien pintó de blanco reluciente alguna vez, justo donde los árboles se abren al final del camino; el suelo aparece sorprendentemente tapizado de pasto corto y fresco y la cabañita de tablones blancos se recorta sobre un cielo azul grisáceo, creando un extraño efecto de gafas nuevas, a estrenar. La encontrarás enseguida si no te desvías del camino al llegar al aserradero; en la intersección hay uno de esos bares de carretera mugrientos. Todo el mundo para allí; el camino es largo desde que nace a los pies de las montañas y los caminantes llega al bar con el gaznate seco. La música se oye desde la puerta entreabierta y el camino, para la mayoría, termina ahí. ¡No para ti!, ¡escucha mis palabras!  Sigue hacia arriba. Siempre hacia arriba y la encontrarás en seguida.
-¿Y no necesito invitación o algo? ¿ Qué se supone que tengo que hacer al llegar allí? ¿ Entrar sin más?.
-Exacto, entrar sin más. Si llegas hasta allí es porque estás invitado a entrar. Créeme. ¡Y no te pares en el bar!- gritó sobre su hombro mientras se alejaba de él- ¡Escucha mis palabras! En ese camino, los bares, son los cantos de sirena.


El Escritor apuró el resto de cortado frío y dejó el periódico, bien doblado en dos, sobre el velador de la terraza. Se levantó y se encaminó hacia su casa. Madrid bullía. El Escritor, cada día, escribía. Olvidó la conversación. Sin embargo, la idea, en su interior y ajena a su propia voluntad, crecía -un poco más cada día- y el Escritor se empezó a encontrar a si mismo  pensando en el  camino que nacía  a los pies de las montañas:  Mientras se afeitaba, al hacer la compra, antes de acostarse -un poco más cada día- Llegó un momento en el que el camino se empezó a colar en sus relatos y en sus poesías, y, donde quería escribir la palabra amor, aparecían cantos rodados y, donde quería describir paisajes de verano, aparecía la fría nieve entre los abetos de las montañas. Un día  por fin le quedó claro que no podía seguir así cuando, en la cama acompañado, en vez gemir, exclamó: ¡botas de goretex!


Empezó a prepararse para el duro viaje, encontró un hogar temporal para los gatos, cerró el gas y bajó el chivato, se aseguró de que el señor Chan no intercambiara con nadie que no fuera él su  Rioja malo a cambio de relatos durante su ausencia ( podía soportar emprender un viaje desconocido hacia la nada, pero no que el dueño de su tienda preferida le fuera a ser infiel con cualquier otro escritor aficionado, como él, a salir en pleno invierno con pantalones de algodón indio para aprovisionarse de vino tinto de dudosa procedencia) Dejo, finalmente, atrás la civilización, y se dirigió hacia el pie de las montañas con aire decidido.

Las sirenas le llamaron a su paso por el bar de carretera, pero su intención era firme y su paso elástico y continuo vereda arriba, con el corazón acongojado y la picha hecha un lío, hasta que un poco más arriba ya no escuchó sus voces ni pudo ver las luces por encima de su hombro, y se le aligeró el espíritu y le dio por pensar que iba a ser verdad que era el elegido. En la cima, una pequeña casita brillaba resplandeciente y recién encalada contra el manto frió y lúgubre de una tormenta de color pizarra. Escritor llegó hasta la puerta y, sin llamar ni titubear ni nada, entró. Ante él, la oscuridad; dio un paso al frente y la puertecita de madera se cerró de golpe a sus espaldas.
- Y ya la hemos jodido -pensó. Al fondo, ahí a lo lejos, la oscuridad empezó a hacerse menos pesada y, sí, incluso es posible que a clarear un poco y, al cabo de un momento, ya estaba claro que había algo allí al fondo y que estaba en una habitación muy muy grande y que la luz, sí, era una luz, alumbraba una mesa alargada desde una lámpara Tiffany muy abigarrada y, bajo ella, había unos cuantos folios - desde donde estaba no lo veía con claridad- pero parecía cubiertos de una letra de imprenta muy menuda; en realidad parecía que había cientos, miles de ellos; eran pilas inmensas de papeles que cubrían toda la superficie de la mesa hasta lo que parecía el infinito y más allá;  y un caballero vestido  con un traje Príncipe de Gales, en chaleco, estaba inclinado sobre ellos y acababa de levantar la vista y le miraba. 
- Ven y acércate, que te vea bien- ajustándose los quevedos- sí, tal  y cómo me imaginaba, llegas un poco tarde, siéntate en esta silla, aquí, sí, frente al papel -se levantó, mirando el reloj de bolsillo y volvió a ajustar la cadena dorada. - Ahora coge esa pluma, esa, ¿la ves? Bien, ahora describe todos mis movimientos.
- ¿Cómo que sus movimientos?
- Todos, estoy cogiendo la chaqueta del respaldo de la silla, me la pongo y la abotono, ¿estás escribiendo? ¡Escríbelo, todo! No te dejes nada. Escribe también que estoy relatando lo que estoy haciendo. Y que te pido que escribas lo que hago mientras te lo relato y  que lo estoy relatado, ¿ has entendido? ¡No te dejes nada!

Escritor, sin comprender muy mucho, obedeció las órdenes del pequeño caballero gris, agarró la pluma y comenzó a describir la escena absurda. Cada una de las palabras que él escribía en tinta azul se evaporaban  del papel y aparecían al momento en cuidadosas letras negra de imprenta. Miró el punto de la pluma, sorprendido.
- ¡Continua!, ¡no te pares! - dijo Quevedos acercándose a la puertecilla, ahora relativamente cercana.
- Pero, ¿para qué? - preguntó Escritor, entre divertido y  ofuscado. No había caminado durante horas para esto. 
- Para que EXISTA. -Escritor se le quedó mirando - Si no se escribe no existe. NADA. Y ahora es tu turno.
- Mi turno- Escritor, de repente, lloraba.
- Todas las historias del mundo deben ser escritas. Las líneas temporales deben ser respetadas. ¿Estás escribiendo?
Escritor movió afirmativamente la cabeza, inclinado sobre el folio de papel inmaculado, manchando las letras mágicas de imprenta con sus lágrimas. 
Todas las líneas temporales deben ser respetadas. Ahora, ¡escríbelas!; ahora es tu turno. 

Y, mientras escribía las últimas palabras de Quevedos, y describía como este salía de la casa, y como el mismo escribía que escribía, las letras de imprenta se iban confundiendo ante sus ojos, y se convertían en imágenes en su mente. Imágenes del hombrecillo del traje gris saliendo de la casa, y mirando al cielo encapotado, respirando profundo el aire húmedo y bienoliente de la pradera sobre la colina; bajando presuroso por el camino forestal hasta el aserradero, y más allá del bar donde cantaban las sirenas. Imágenes de mujeres jóvenes tendiendo la colada, en la corrala, mientras miran con recelo las nubes de tormenta sobre sus preciosas y brillantes sábanas, imágenes del señor Chan dando de beber a los sedientos, e intercambiando sentimientos arremolinados en libros por cosas más mundanas. Imágenes de niños a la salida del colegio y de padres sonrientes con el corazón partido y de amigos que se reúnen a ver el partido de fútbol los domingos y se ríen, se emborrachan y, con un poco de suerte, se acuestan con la mujer de su vecino; y así sus vidas tienen algo imperdonable en ellas que les permita continuar como si nada. Seguir viviendo. Todas esas imágenes salían de los dedos, de la pluma encantada de Escritor, arriba en la colina, en la cabaña blanca. Porque todas las historias del mundo deben ser escritas para que puedan existir. 







domingo, 29 de enero de 2012

1er. Especial Sucio Maeve: Y no quererme follar a Rihanna nunca más



Batido, mordisco, caderas, infierno, insumisión.
Comisura, saciada, mordisco, atrapada, complacencia.
Antiácido, reciclaje, hipótesis, consumidor, fósforo.
Reportaje, infundio, despeñar, colorete, Maeveestefanía.
Comendador, nefelibata, helicón, naufrago, refrigerio.
Permiso, lucha, imbecilidad, ausencia, planta.
Coanocito, cnidario, duela, fúrcula, pollón.
Corsé, canela, erección, cristal, partitura. 


Tengo un póster de Rihanna frente al escritorio, para compensar, porque Rihanna está tan buena como cualquiera de ellas e igual de follable. Pero está vestida. Sí, esos cuatro trapos se pueden considerar ropa, al fin y al cabo tapan lo justo para que quede espacio para imaginar. Y si algo falta en esta habitación es espacio para imaginar. Mi compañero de trabajo está sentado ante la mesa de edición, bebiendo un batido de fresa que ha dejado una pasta repugnante y pegajosa en la comisura de su boca. Un atisbo de barriga fofa y grasosa se le escapa de una camiseta negra con un estampado blanco que reza, Arriba Insumisión. Y yo miro hacia arriba, al techo de la sala de edición, lleno de manchas marrones y de agujeros y   me da por pensar en la manera en que nos quedamos atrapados  por no reflexionar bien si lo que anhelamos era, en realidad, lo que deseábamos.

No creo que, para Barriga Al Aire, la complacencia vaya a ser nunca un problema. Este trabajo le llena como a un cerdo vivir en un lodazal. Y se comporta igual. No me malinterpretéis, no me quejo por tener un trabajo. De hecho no me quejo por nada, la verdad. Pero al cabo de un tiempo, de editar miles de escenas, de montar cuatro y cinco películas a la semana, este trabajo me empezó a afectar. La primera noche al llegar a casa, la tumbé sobre la cama y la follé como si no fuera a haber un mañana, durante tres horas, hasta que entre suspiros y quejidos se oyó un pequeñísimo crack, igual que el que hace la fúrcula de los pollos asados cuando se parte entre los meñiques entrelazados, y ella me miró como supongo que mirarán los perros a sus amos justo antes de ser abandonados. En el hospital confirmaron dos costillas flotantes fisuradas y desgarro anal. Sí, hubo que dar explicaciones.

La segunda semana, cuando descargar toda la frustración sexual acumulada durante el día empezó a no ser suficiente, comenzaron los Juegos Olímpicos del Sexo, y empezé a follarla de pie en la terraza, bajo el sol de Febrero, leyéndola en voz alta Peribánez y el comendador de Ocaña, mientras ella se encendía fósforos entre las manos para mantenerlas calientes. Luego, cuando se resfrió y el catarro se convirtió en neumonía, aprovechaba que se pasaba el día en cama para meterla cerezas que intentaba sacar con la lengua, con la sensación de que la piel de su vagina era una esponja y que se me quedaba la lengua llena de coanocitos, que es una palabra que ni dios sabe lo que significa, pero que luego no digan que no supe meter en el relato.

La sexta semana, cuando me cansé de despeñarme entre sus tetas, la metí en la bañera boca arriba y hundí su cabeza bajo el agua para ver como su orgasmo se traducía en burbujas atropelladas y naufragas,  y su pelo rubio ondulaba bajo el agua como un cindario atrapando plancton bajo el mar. El agua salía en olas gigantes escalera abajo y se corrió el infundio por el barrio de que teníamos un lavadero clandestino de mascotas. Mientras, los Juegos Olímpicos del Sexo entraban en una nueva edición donde el sexo y el correrse comenzaba a ser lo de menos y a mi pollón le daba menos por jugar a ser Helicón al sonido de las musas que a mi cerebro por excitarse imaginando nuevas maneras de convertir el sexo en algo que no se pareciera en nada a lo que veía  en la pantalla de la sala de edición. La pedí permiso para convertir en realidad cada fantasía, la dejaba saciada cada día y, los fines de semana, hacia realidad todo lo que ella me pedía; hice las labores de la casa atrapado dentro de un corsé de color púrpura, y pasé el plumero con mi erección envuelta en una boa de plumas de los chinos. Me cubrí el cuerpo de natillas y canela y me pasé hora y media tumbado en la mesa del salón hasta que me lamió entero con la lengua, hicimos el amor como nunca antes lo habíamos hecho, a través del cristal de la galería, sin rozarnos ni tocarnos ni escucharnos, sólo mirándonos a los ojos a cuatro milímetros escasos.


Tengo la hipótesis de que estamos condenados a fracasar en todo lo que emprendamos si no lo hacemos con el corazón en la mano. Tengo marcado su  último mordisco aún en mi cadera, como ella tendrá marcado mi último mordisco en su cuello. Barriga Fofa mastica un par de antiácidos y aprovecha el metraje sobrante de ayer para arreglar  un gatillazo en el rodaje de hoy. Reciclaje de orgasmos. Abro el IRC y me conecto con el nick de Barriga Peluda, Nefilibata, y en seguida se conecta ella con el suyo, MaeveEstefanía. Pero no hablamos. Lucho contra la imbecilidad que me ha arrastrado a un infierno en el que todo lo importante se ha desvanecido y la ausencia de su cuerpo no tiene tanta importancia como el no poder recordar el sonido de su voz pronunciando  mi nombre, o contándome una anécdota divertida; las arrugas de sus ojos al reírse se han borrado, y sólo veo su cuerpo desnudo y escucho sus gemidos. Cortamos y pegamos pedazos de cópulas humanas como si editáramos un reportaje sobre la subida del precio del petróleo. El colorete de las actrices porno siempre es demasiado exagerado. Las posturas siempre siguen la misma partitura porque el consumidor ya no quiere tener que imaginar nada. Y yo, ya no sé lo que siento. El vacío se planta ante mi y me recuerda que no estamos hechos para tenerlo todo, por más que duela. Rihanna sigue suficientemente tapada en su póster, chica lista, que sabe que, sólo en la imaginación, follar con ella vale su peso en oro y que traer al mundo real todo lo que quieres, a veces, cuesta una vida.




jueves, 26 de enero de 2012

Especiales Sucios Absenta Mare

Desde hoy y hasta el Domingo a las 00:30 horas está abierto el plazo de recepción de palabras para el 1er. Especial Sucio de Absenta Mare. La temática para los Especiales será el sexo y se realizarán todos los últimos domingos de mes.

Para participar en estos relatos, podéis incluir vuestras palabras en el evento Absenta Mare en Facebook y SÓLO ALLÍ, desde este enlace:  Especiales Sucios Absenta Mare.

También podéis uniros a nuestra página Absenta Mare , para estar al tanto de todas las novedades. Que vienen siendo desarreglos hormonales, bajas laborales y eclosiones de orzuelos.

Un saludo a los valientes. A los cobardes que se la pique un pollo.

.Absenta Mare.

miércoles, 25 de enero de 2012

Relato nº7 Maeve: Nadie quiere relatos a la carta porque leer es sentir

Palabras: Relatos, a la carta, vida, fácil, factible
Tema: Nadie quiere relatos a la carta




¿ Nadie quiere relatos a la carta porque leer es pensar? 
Ayer leí en alguna parte que el ensayo ha sufrido un auge repentino y está desbancando a la novela. Hasta cuando leemos, preferimos que otros piensen por nosotros. Preferimos la vida fácil. Y no lo digo desde una posición de superioridad, yo también he dejado, poco a poco, de leer narrativa. Releo a mis viejos autores preferidos, traduzco canciones, leo con avidez a amigos. Poco más.

Leo a Billy MacGregor hacerle el amor a las palabras, hasta que se corren criselefantinamente y, mientras, los demás miramos todo ese sexo de sentimientos y de poesía. ¿ Quién querría su propio relato a la carta? Ya puestos, ¿ quién querría escribir? 



Esta mañana me he levantado con la espalda rígida como una tabla y, apenas hace tres días, la protagonista de mi relato apenas podía mover el cuello. Los pájaros cantan y las nubes se levantan. A fuerza de enlazar las palabras que llegan a este blog, Nebroa y yo hemos acabado enlazando una misma línea temporal, virtual e infinita, en la que vivimos casi sin hablarnos más que para concretar de que manera el destino, que tiene sentido del humor de niño, nos recuerda continuamente que la una está en la vida de la otra. Dos seres humanos raros que apenas se han visto las caras y jamás han escuchado el sonido de su voz. Pero que escriben juntas. O precisamente eso lo hace factible.

Pato, la guitarra, ha encontrado un nuevo lugar en el mundo y se balancea desde lo alto, de vez en cuando, con deje indolente, tan sólo para recordarme todo el tiempo que estuvo y no fue. Las guitarras pueden hacer si quieren cosas así. El portátil, que sólo uso para escribir narrativa, ha perdido hace tiempo toda la carga de su batería y me mira comprensivo desde su esquina. Los portátiles saben esperar cuando es necesario y saben imponer su presencia cuando lo quieren así. Hay una antología a punto de ser publicada que espera paciente mi relato, porque esas son las cosas que hacemos, los seres humanos, con nuestros sueños, cuando los tenemos al alcance de la mano.  Las palabras, las que no llegan, las que llegan, las que se pronuncian y las que no escuchará el mundo jamás su sonido, tienen la capacidad de convertirse en objetos que se cruzan continuamente en nuestro camino, una goma del pelo elástica de color púrpura que se empeña en caerse de de la estantería del baño, una y otra vez; la bicicleta reciclada, apoyada en la barandilla de la acera y que usan todos los miembros de una misma familia, la  más progre de Pequeño Barrio Obrero; el pelador de patatas que desaparece y sólo aparece cuando compro uno nuevo, y ya tengo tres; tus increíbles ojos verdes y no es tan sólo una palabra. Son tan verdes que aún no los puedo creer. Todas esas palabras viven en alguna parte, encerradas en una caja de madera. Con un gato. Que puede o no estar vivo o muerto ( el gato),  porque hasta que no abras la caja hay discusión sobre si existe. El gato. Y las palabras. La caja de madera la abres tú, si quieres. Yo tan solo la meneo para escuchar maullar al bicho.




¿Nadie quiere relatos a la carta porque leer es sentir? 

viernes, 2 de diciembre de 2011

Relato nº6 Maeve: Una galaxia yace en la bañera




Planeta, tiempo, cononauta, Alfa Centauri, agujero de gusano, pelícano, infernal, retrotraer, pizpireta, Joligud.


Temas: Viaje en el tiempo, una mañana en el campo. 

Una galaxia yace en la bañera y, sobre ella, en un soporte inclinado, reposa un lienzo en blanco. Un espejo de trama y urdimbre. En Casa Azul, las ventanas entreabiertas al mundo verde y chirriante en el calor bochornoso del verano, una galaxia yace en la bañera, amortajada en agua perfumada a lirios blancos y a penas y a harturas, la galaxia pinta y se imagina la bañera como dios le da a entender. La galaxia viaja. Y eso está bien. Sobre el agua -bajo el agua, entre el agua- viaja e imagina y piensa y sueña y se da cuenta de que no existe diferencia ( ¿ acaso existe?) y convierte por la misma acción de su voluntad el desagüe en un agujero de gusano, por el que el tiempo resbala y se crea. Y desaparece. Quita el tapón y su propio cuerpo se disuelve también cañería abajo, adiós querido mío, deja ya de joder, y una galaxia, ahora incorpórea, se retrotrae en su bañera vacía a una playa invernal en la Rusia de los Zares, bordeada de campos de heno y baila en bolas sobre la arena escarchada y salta a la pata coja sobre la pata que ya no tiene, y no la duele; porque no la tiene. Porque en los viajes imaginarios en el tiempo hace uno lo que le da la gana, mayormente. Crononauta pizpireta, dando de comer a las gaviotas y a los pelícanos las puntas de sus dedos ateridos y de sus pezones congelados. En el mundo real ( acaso existe diferencia) Cristina entra en el baño y añade agua caliente a la bañera. La galaxia incorpórea, y su bañera cronosimpática, viajan ahora hacia el futuro, y se imaginan recibiendo parabienes en un Jolibud rendido ante su único pie, calzado con sandalia de cuero y caireles plateados. Y es allí donde la galaxia se siente Alfa Centauri y brilla como si la explotaran todos los soles a la misma vez.

El cuerpo es cuerpo. A veces, el cuerpo pesa tanto como debe pesar un planeta. Suponiendo que te puedas colocar un planeta entero sobre los hombros y este duela. O te duelan los hombros, porque hay que ser estúpido y muy bruto para colocar tanto peso sobre un pobre ser humano, pequeño y frágil.  Desvalido. En ocasiones, los cuerpos doloridos albergan galaxias enteras. Pero ni siquiera las galaxias pueden librarse  de su cuerpo.A veces, las bañeras sólo son bañeras pero, incluso entonces, una bañera puede ser mucho más que eso. En ocasiones, las  bañeras se ven  en la disyuntiva de aliviar una  vida infernal, de dar vida. De ser toda una vida. De ser un espejo.


domingo, 23 de octubre de 2011

Relato nº5 Maeve: Truco o Trato

Esposas, soga, saliva, anhelo, clítoris,
 chocolate, sábado, caderas, habitación, tortura,
 calor, rojo, cristal, falso, pegajoso, 
columpio, fuego, inconsciencia, golosina, coqueteo.


Esta semana nos comprometimos a que el relato fuera pornográfico y que tratara el sexo oral. La definición de pornografía es subjetiva. La violencia es lo más pornográfico que me puedo imaginar, pero esa es otra historia. El sexo oral no, mira, eso es sexo lo mires como lo mires. 








La Novia Cadáver llego al depósito a última hora de la madrugada del lunes. Una hora en la que no hay mucho tráfico;  a la gente la gusta morirse el domingo con las primeras luces del alba o después de las fiestas de navidad. Aguantan  todo el Sábado, los santos y cumpleaños, las vacaciones y las fiestas de guardar y sólo entonces, como si fuera el premio a una carrera absurda reservada para tontos,   dan un pequeño suspiro y se pegan un tiro, o dejan que el cáncer gane la partida, o el sufrimiento infinito del alma a oscuras, o que les pille un coche al cruzar un semáforo cuando el devenir del día a día por fin se ha normalizado y las calles ya no están llenas de borrachos y  tarados. Porque hasta la gente con menos sentido de la ironía y del humor  tiende a hacer un guiño a esta vida tan puta antes de hacer su última reverencia.

A Pelo Rojo le quedó claro en seguida que la falta de sentido del humor y de la ironía no iba a ser un problema con  la Novia Cadáver. Al abrir la cremallera de la bolsa negra, la habitación se lleno de un profundo olor a rosas rosas, tan denso y asfixiante que a  Pelo Rojo y Barbilla Asustadiza, acostumbrados a desayunar entre frascos de muestras y de éter,  se les revolvió la bilis hasta el punto de necesitar salir unos minutos. Meses después, cuando el recuerdo de todo aquello iba siendo menos vívido, Barbilla Asustadiza aún creería percibir ese olor intenso a naturaleza palpitante y muerta cuando metiera la cabeza en su propio armario al vestirse cada día. Pelo Rojo pudo con ello. Barbilla Asustadiza no, y fue así como el ayudante pelirrojo se quedó a la luz del alba, que atravesaba el cristal esmerilado de la única ventana, allí   sólo, preparando el cuerpo para la primera autopsia del día; lo que demuestra que todo no es más que casualidad, casualidad e ironía, y el destino se columpia ante nosotros y se ríe de nosotros y juega a los dados con nuestra vida. 

El procedimiento por lo demás era sencillo, descubrir el cadáver, cortar cuidadosamente sus ropas y embolsarlas en los sacos de pruebas, retirar los restos que pudiera haber bajo las uñas, guardar y etiquetar sus joyas y objetos personales, lavar el cuerpo, sacar el instrumental del autoclave y esperar. Pero la Novia Cadáver también iba a ser diferente en eso. Su cuerpo blanco y lívido sólo estaba adornado por unas esposas con pinchos metálicos, una soga gruesa de seda color chocolate rodeaba flojamente su cuello largo y delgado y una corona de rosas delicadamente rosas al rededor de su frente que ceñía su melena negra y brillante hasta la altura de las corvas. Era de una belleza deslumbrante, una especie de imagen espectral salida de un cuento de Poe, con sus pestañas largas y espesas rodeando unas enormes pupilas sin color ahora bajo la esquerótica muerta y sus pezones cóncavos y blandos como fresas. El extraño olor de su corona de novia lo invadía todo y Pelo Rojo se empezó a afanar por terminar rápido una labor que había repetido mil veces sobre los cuerpos de los muertos de parientes, de sobrinos, de padres y hermanos, de cuñados y de hijos que, hasta ese día, nunca había querido poner nombre ni mirar fijamente, protegido por la inconsciencia con la que cubre la ciencia a los que manejan la vida más allá de la muerte.

No tenía nada escondido bajo sus uñas, ni señal alguna de lucha en su piel perfecta...demasiado perfecta,  siquiera un rasguño bajo la soga en su cuello. Si había muerto siendo torturada, había sido una tortura más dulce que la que pueda llevar a un ser humano habitual hasta la muerte Al girarla, Pelo Rojo no encontró ni tan siquiera la señal púrpura de la lividez bajo sus caderas. Una muerta que se negaba a aparecer suficientemente muerta. Una muerta magnética y hermosa, con una hermosura algo terrible -al fin y al cabo estaba muerta- y que olía a flores raras. La habitación ya apestaba  a ese tufo extraño y mareante, su propia bata, su propio pelo, Pelo Rojo era consciente de ello, invadido por las flores de otro mundo. Se separó de la mesa de autopsias un momento, para recuperar el aliento, ponerse serio y responsable, dejar de pensar tonterías y dejar de pensar siquiera. Entonces fue cuando vio, entre los labios perfectamente afeitados de su pubis, asomabar una piedra brillante. Los separó con cuidado, con los dedos enguantados, para descubrir un piercing adornado con un brillante falso que atravesaba su clítoris. Su clítoris aún sonrosado, pegajoso y dulce como una golosina. Lo acarició con un dedo y notó que desprendía calor. En su mente, a penas fue un coqueteo con la idea de lamerlo y nunca ya pudo saber si había sido el olor que consiguió emborracharle  con un trago de absenta, cuando la idea se convirtió en anhelo y el anhelo se convirtió en fuego y su lengua ya estaba envolviendo en saliva el piercing brillante de acero, el mecanismo hidraúlico de la puerta del deposito soltó un bufido para dejar paso al forense, la Novia Cadáver se incorporó de golpe de su sueño y el corazón de Pelo Rojo dio el último latido de su vida, antes de enviar toda la sangre de su cuerpo hasta su miembro y dejar de latir para siempre, sin que le diera siquiera tiempo a entender que se moría. 

domingo, 16 de octubre de 2011

Relato nº4 Maeve: Oler las rosas



Carlos: Pena, negra, gormiti, caléndula, Londres - Tema: Vive y deja morir.
mi: Chocolate, aspirado, césped, nube - Tema: Insatisfacción laboral.
Fran: Cedo, noche, Sábado, guay, tortura - Tema: Ropero a medianoche.
Carlos: Doscientos doce, prímula, recluta, quintesencia, - Tema:  Luz.

Chocolate tenía todas las de ganar siempre, porque en ese juego, el mismo al que jugaban todos los Sábados noche, tener las patas blandas rellenas de alpiste, ser suave y blando tal que Platero, era un valor añadido. Caléndula, con sus articulaciones duras, en cambio siempre perdía.
- Es una injusticia- rezongaba Recluta, como hacía cada Sábado noche desde que el tiempo era tiempo  y ellos existían. Luego, soltaba una larga peyorata, una retahíla que se iba extinguiendo lentamente entre dientes de felpa y golpes suaves de puño cerrado contra su propia rodilla rellena; la quintaesencia del militar injusta y prematuramente retirado -según él, ¡claro!- pues qué son unos remiendos en las axilas y unos hilos colgando cuando uno guarda buenos recuerdos ( y 212 piezas de artillería escondidas bajo las piezas del Tente dentro del armario). Gormiti, en cambio, podría estar o no de acuerdo, ya que siempre comenzaba la noche entre saltos y gruñidos y otros ruidos aspirados que ninguno entre ellos comprendía, pero todos le querían y reían pues así es como evitaban que volviera el Mal de Londres; la pena negra que tiempo atrás había caído sobre ellos y se había llevado a Piedra, a Origami, a Salero, a Rojo, a Peladilla; a base de sentirse inútiles y desgraciados en un puesto de trabajo que ya no era puesto ni era trabajo y que ya a nadie servía. A estas Chocolate ya había pasado una garra suave a través de la puerta entreabierta y estaba empujando el alpiste que rellena su oronda tripa hacia el exterior a través de sus caderas. Mientras Caléndula le sostenía las largas orejas, las quejas incomprensibles de Recluta se iban haciendo cada vez más incomprensibles y menos quejas y Gormiti jaleaba expectante el paso de los cuartos traseros de peluche por la puerta. Aún quedaba los más difícil: La cabeza, ¡flop!, los ojos duros y brillantes consiguieron pasar hacia fuera.


Chocolate pega tres saltos por la habitación  seguido al rato por Recluta,  que se ha dejado unos pocos hilos más en el camino, y de Gormiti, que gorgogea la clasificación de la carrera sin que nadie lo entienda y lo sepa. El conejo recoloca el alpiste de su culo y se sienta en el alfeizar de la ventana y juntos los tres miran a través del cristal de la ventana hacia fuera.
- ¿Qué se ve?- pregunta expectante Caléndula- ¿ Qué se ve?- pregunta hoy como todas las noches de juego. 
La luz prímula del alba ha comenzado a iluminar la escena, y Chocolate, Recluta y Gormiti ven una señal de ceda el paso blanca y roja. El césped, aún grisáceo, entre la penumbra del jardín, y el primer rayo de sol que parte en dos una nube muy blanca allí arriba en el cielo. 
Se lo cuentan, como hacen siempre.- Guay- susurra Caléndula para si misma, y sonríe como si fuera la primera vez que oye todo aquello. Y es feliz, porque, para el que está encerrado para siempre, lo que a los demás nos puede parecer una tortura bien puede ser un juego divertido. Algo de lo que bien se puede hacer  una razón para vivir. Quién somos los demás para decir nada a partir de aquí.



domingo, 9 de octubre de 2011

Relato nº3 Maeve: El último trago


Palabras: Gintonic, fresa, chino, chata, estampa
Temática: desamor a dos bandas

ÉL-

Le sirve cada noche el mejor gintonic que sus brazos puedan mezclar, sin mediar palabra. Después, se acoda en el otro  extremo de la barra y saca la balleta para frotar lo que no se puede limpiar más. De reojo mira cada día su boquita repintada de color de fresa y su naricita chata desaparecer dentro de la copa, una y otra vez. Mientras se recuerda que puede ser de cualquiera.

ELLA-

Deja pasar las noches, acodada en la barra del bar, esperando que llegue algo mejor. Desde su rincón, cada día, le mira y comprueba como aún conserva su estampa y sus ojos dulces de chino. Mientras se recuerda que merece mucho más. 


Siguen durmiendo solos. 

viernes, 7 de octubre de 2011

Relato nº2 Maeve: Creo que ya he escuchado todas las canciones del mundo


Las palabras y temáticas de este relato, peticiones en nuestra página de Facebook:
1/saltimbanqui sandunguero sólo se sonrie sintiendo.
2/Realeza hiervas ladillas drogas y siesta
3/cardamomo, cilantro, curcuma, jengibre, comino - Tema: india
4/Reunión, Bruselas, aeropuerto, sueño, Tom Waits
5/ calabobos, pisada, tráfico, Napoleón, desprecio - Tema: jungleland.

















Cuando tenía 15 años  le desvirgó Juliana, la del  sexto, que por aquel entonces bien debía rondar ya la cuarentena .Hoy en día la habrían metido en la cárcel y habría salido su  historia en todos los periódicos, pero entonces le resultó  natural que un día, en la cocina, le agarrara fuerte por la nuca y le hundiera la cara en ese balcón de carne florida que llevaba por escote mientras le repetía con voz ronca el "Ramirito, hijo, me pones muy mala" que le había dicho desde que  era niño y allí mismo en la cocina -donde Juliana ayudaba a su abuela y él trasteaba aburrido, donde  se cocían  a fuego lento en pucheros altos patatas viudas y vecinas solteras- se le abriera de piernas y le comiera la vida por la polla. Que mejor sitio para cocer secretos  y que mejor suelo para mezclar fluidos. Y devorar niños. Cuando salió a la calle justo después, intentando que la punta del capullo en carne viva no le rozara contra el pantalón de pana, los calzoncillos perdidos para siempre en el guiso de su infancia, caminó  por las aceras asombrado de que el mundo pareciera tan normal, y la gente pareciera tan normal y que el autobús siguiera parando en la parada como si nada; y se preguntó si todo el mundo sabría hacer eso, y si lo hacían. Y por qué no se oían fanfarrias y la calle se convertía de repente en un número musical, lleno de magia, en el que los transeúntes cantaran con él la  la nueva buena. En sus auriculares sonaba Bruce Springsteen tocando Jungleland. El futuro era grande y era hermoso ante sus pies, el santinbanqui desvirgado y asombrado, con su caminar dolorido y sandunguero, sintiendo que TODO EL UNIVERSO estará, sin duda alguna, lleno de canciones como aquella, de descubrimientos nuevos.


Pensó que La India olería a cardamomo, a cilantro, cúrcuma y comino.. Que el pelo de las mujeres sería suave como el terciopelo negro y los niños le recibirían con las manos extendidas. Y La India le recibió con la peste de los slums y el olor a plástico siempre humeante entre arroyos de detritus en las calles. Sentía las manos de los niños colarse en sus bolsillos hasta el fondo y el único cabello que se le permitió tocar fue el  de los hijras desterrados en sus guetos. Nada de lo que pudo hacer fue nunca suficiente, nada de lo que hizo le sirvió a él mismo para nada. Los hombres vendiendo comida que cocinaban en las mismas aceras en las que vivían, el mismo curry que su estómago no toleraba. Una noche, entre el calor y el estruendo de la ciudad que nunca  calla, oyó a lo lejos la voz de Springsteen ahuyando a Jungleland desde un radio cassette viejo. Se marchó a Goa, con el sonido de esa canción metido entre las orejas como si fuera una plegaria -o una maldición-, y caminó por la playa siguiendo sus propias pisadas, haciendo la siesta donde le entraba sueño, viviendo un eterno verano de drogas y  yembes hasta que se encontró ladillas en las rastas. Creyó que ya había escuchado todas las canciones del mundo y que nada significaría nunca más nada. 


El Zaventem está rebosante de tráfico y por los grandes ventanales del aeropuerto se ve caer un calabobos suave y triste desde el cielo gris plomizo de Bruselas hasta  un rectángulo pelado de hierbas amarillas.. Sentado esperando su vuelo, con su traje gris y su corbata a cuadros, ve la vida pasar mientras piensa en una canción de Tom Waits. El mundo se cree muy importante, el mundo no espera a nadie, nunca para. No tiene nada que decirle. Un ejecutivo, un miembro de la realeza del nuevo imperio, está gesticulando a su teléfono móvil, un pequeño Napoleón que no llegará a tiempo a su reunión, ahogado de indignación y de desprecio. Le mira sin emociones, mientras se come un caramelo de jengibre contra el mareo. Desde megafonía se escucha  una voz saltarina cantar los vuelos, que se mezcla con la música de la tienda de regalos, canciones de moda del ayer y del hoy, canciones del pasado, canciones del mañana.. Antes o después sonará, claro, Jungleland. El Ramirito niño de 15 años, escondido dentro de su traje gris de Ermenegildo Zegna, lo sabe. Lo sabe y se sonríe. Sólo lo espera.