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domingo, 16 de octubre de 2011

Relato nº4 Maeve: Oler las rosas



Carlos: Pena, negra, gormiti, caléndula, Londres - Tema: Vive y deja morir.
mi: Chocolate, aspirado, césped, nube - Tema: Insatisfacción laboral.
Fran: Cedo, noche, Sábado, guay, tortura - Tema: Ropero a medianoche.
Carlos: Doscientos doce, prímula, recluta, quintesencia, - Tema:  Luz.

Chocolate tenía todas las de ganar siempre, porque en ese juego, el mismo al que jugaban todos los Sábados noche, tener las patas blandas rellenas de alpiste, ser suave y blando tal que Platero, era un valor añadido. Caléndula, con sus articulaciones duras, en cambio siempre perdía.
- Es una injusticia- rezongaba Recluta, como hacía cada Sábado noche desde que el tiempo era tiempo  y ellos existían. Luego, soltaba una larga peyorata, una retahíla que se iba extinguiendo lentamente entre dientes de felpa y golpes suaves de puño cerrado contra su propia rodilla rellena; la quintaesencia del militar injusta y prematuramente retirado -según él, ¡claro!- pues qué son unos remiendos en las axilas y unos hilos colgando cuando uno guarda buenos recuerdos ( y 212 piezas de artillería escondidas bajo las piezas del Tente dentro del armario). Gormiti, en cambio, podría estar o no de acuerdo, ya que siempre comenzaba la noche entre saltos y gruñidos y otros ruidos aspirados que ninguno entre ellos comprendía, pero todos le querían y reían pues así es como evitaban que volviera el Mal de Londres; la pena negra que tiempo atrás había caído sobre ellos y se había llevado a Piedra, a Origami, a Salero, a Rojo, a Peladilla; a base de sentirse inútiles y desgraciados en un puesto de trabajo que ya no era puesto ni era trabajo y que ya a nadie servía. A estas Chocolate ya había pasado una garra suave a través de la puerta entreabierta y estaba empujando el alpiste que rellena su oronda tripa hacia el exterior a través de sus caderas. Mientras Caléndula le sostenía las largas orejas, las quejas incomprensibles de Recluta se iban haciendo cada vez más incomprensibles y menos quejas y Gormiti jaleaba expectante el paso de los cuartos traseros de peluche por la puerta. Aún quedaba los más difícil: La cabeza, ¡flop!, los ojos duros y brillantes consiguieron pasar hacia fuera.


Chocolate pega tres saltos por la habitación  seguido al rato por Recluta,  que se ha dejado unos pocos hilos más en el camino, y de Gormiti, que gorgogea la clasificación de la carrera sin que nadie lo entienda y lo sepa. El conejo recoloca el alpiste de su culo y se sienta en el alfeizar de la ventana y juntos los tres miran a través del cristal de la ventana hacia fuera.
- ¿Qué se ve?- pregunta expectante Caléndula- ¿ Qué se ve?- pregunta hoy como todas las noches de juego. 
La luz prímula del alba ha comenzado a iluminar la escena, y Chocolate, Recluta y Gormiti ven una señal de ceda el paso blanca y roja. El césped, aún grisáceo, entre la penumbra del jardín, y el primer rayo de sol que parte en dos una nube muy blanca allí arriba en el cielo. 
Se lo cuentan, como hacen siempre.- Guay- susurra Caléndula para si misma, y sonríe como si fuera la primera vez que oye todo aquello. Y es feliz, porque, para el que está encerrado para siempre, lo que a los demás nos puede parecer una tortura bien puede ser un juego divertido. Algo de lo que bien se puede hacer  una razón para vivir. Quién somos los demás para decir nada a partir de aquí.



miércoles, 12 de octubre de 2011

Relato nº 4 Nebroa (previo): Mañana ya no quedará memoria


Carlos: doscientos doce, prímula, recluta, calificación, quintaesencia_ tema: luz
mi: Chocolate, rojo, aspirador, césped, nube. Temática: Insatisfacción laboral.
Fran: Cedo, noche, sábado, guay, tortura; Tema: ropero a media noche
Carlos: Pena, negra, gormiti, caléndula, Londres. Tema: Vive y deja vivir


Este es el sábado doscientos doce, y prometo que será el último. Exagero, pero quién no lo hace cuando decide tomar una decisión, nos va la vida en ello, como si de recluta pasásemos a la calificación sargento en primera línea de guerra. Uno se cree eso cuando avanza, cuando decide cambiar. Te pasas la vida haciendo el idiota por la noche, el imbécil durante el día, el tonto por las tardes y una madrugada, de repente, cuando te levantas de la cama y enciendes la luz del pasillo para ir al baño esa luz no es luz, es el sol entero. Exageradamente deslumbrado entornas los ojos bajo la tortura de creer que vas a quedarte ciego y con el espejo de marco rojo que colgaste en la pared cuando te fuiste a vivir solo, alguien flotando sobre una nube de esparto, se sonríe de medio lado gritando: ¿Acaso te crees alguien? Y agachas la barbilla y sigues dirección al lavabo sumergido en la quintaesencia de la sabiduría, repitiéndote que se acabó lo de tumbarte solo en el sofá y beber hasta emborracharte, que se acabó echar horas extra en el guardarropas de la peor discoteca de rubias con pelo en el pecho, que se acabó morirte de pena porque lo único satisfactorio de tu trabajo de ocho a tres sea el chocolate que te fumas en el descanso, que se acabó ser el tito guay de la familia porque le compras a tu sobrino toda esa mierda de colección gormitis-somos los señores de la naturaleza- en vez de llevarlo a pasear a la cima del Kilimanjaro. O a la vuelta de la esquina. Vuelves a la cama arrastrando sombras sabiendo que este domingo será un nuevo domingo, te levantarás, desayunarás, pasarás el aspirador por la tapicería del bmw de segunda mano, cortarás el césped y plantarás las semillas de prímulas y caléndulas varias que te trajo tu tía de su eterno viaje a China. Mañana.
Todo sucede mañana porque ahora cedo mi cuerpo al descanso.
Y respiras sabiendo que en el fondo de las sábanas, al lado de tu espalda hay una mentira tan grande como el universo. Pero ahora es tarde, ahora sólo han pasado tres horas desde que te emborrachaste y lo de pensar da más dolor de cabeza que calzarse la botella de ron.

Soñó con Londres y al despertar no se dio cuenta de que la mancha negra de su almohada era del mismo color que su pena.